Dos cuerpos. Una copa medio vacía por vicio, por indiferencia, por amargura. Una mesa sucia, desordenada por dejadez, por analogía. Éramos dos cuerpos, vertebrados, mas sin nada a lo que sostenernos. Éramos dos cuerpos desechados, abandonados, sin rumbo. Dos cuerpos con la mirada puesta en un horizonte sin futuro, en un futuro sin horizonte. Dos cuerpos pesados por la inercia, con los pies en la arena y la cabeza en el aire, perdida, vagando entre las corrientes, frías, calientes, frías, y de nuevo, calientes, sin un rayo de luz que nos abriese un camino. Éramos dos cuerpos muertos, inertes, de ideas desencajadas y pasiones congeladas.
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